miércoles, 12 de noviembre de 2014

Un diploma para mi país

El Opa cree que la educación universitaria está sobrevaluada. Ha visto a demasiados botarates en la Comarca con diplomas lustrosos colgando en las oficinas y consultorios donde perpetran barbaridades sobre los pobres incautos que llegan a ellos. Sabe además que entre bomberos no se pisan la manguera, y prima entre los “graduados” una complicidad silenciosa cada vez que uno de ellos comete una mala praxis o un delito cualquiera.
Pero el Opa también tiene claro que quien ganó un título puso su esfuerzo, su dedicación y su tiempo. Salvo que haya comprado las materias, pero ese es otro tema. Y sabe que, aunque la portación de título no te hace mejor persona, la ostentación de título presupone que lo has ganado en buena fe. También entiende que tener título te aumenta el sueldo: en la Comarca cada trabajador tiene un “plus” en su salario que crece a medida que presenta diplomas más barrocos. Y desde luego, que para ejercer algunas profesiones es necesario, obligatorio, y razonable, tener ese diploma.
Ahora resulta que la Presidenta Fernández de Neón no tiene diploma. Nunca se recibió de abogada. El hecho estalló en algunos diarios y fue objeto de dimes y diretes varios. El Opa no va a detallarlos pero sí explicará por qué Ella es tan abogada como el ex – ingeniero Blumberg.
En primer lugar, las fechas. En sus primeras biografías Ella refiere que comenzó a cursar en 1974, a los 19 años. Cuando se conoció la falsía, cambió el relato: comenzó a cursar en 1972, a los 17 años. Ambas edades son verosímiles, pero el cambio de fecha lo hace sospechoso. ¿Por qué? Porque si se fue de La Plata en 1976 por miedo a la dictadura, como dice el relato, se fue con poco más de dos años de cursado. En aquellas épocas las universidades eran una farsa y las materias se rendían con apuntes de 80 hojas, pero aun así es difícil que hubiera tenido más de 20 materias aprobadas. Luego dice el relato que volvió en 1979 para rendir las últimas tres. No cierra. Cursar dos años y que te queden sólo tres materias es imposible aún en aquel tiempo. Entonces si corren la fecha dos años para atrás, indicando que comenzó en 1972, ahí si cierran los números, porque es plausible que en cuatro años haya cursado casi toda la carrera.
Ahora vamos a las fotos que circulan por ahí, indicando que comenzó a cursar en 1972. Las fechas están borroneadas y corregidas con liquid-paper… que en esa época no existía. Las autoridades de la Universidad de La Plata dicen que esas correcciones eran comunes, porque solían equivocarse. Pero sabe el Opa que cualquier enmienda, tachadura o borrón son inmediatamente salvados y aclarados al pie. En esas fotos no hay nada de eso. Sólo una enmienda con corrector (period incorrect, mind you) y caligrafía distinta, sin ninguna aclaración.
Vamos a las otras fotos que circulan, de la ficha que dice que sí se recibió. También allí están borroneados, burdamente sobrescritos, los datos de su DNI y su nombre. Recordemos que esas fotos fueron exhibidas por funcionarios de la universidad, deseosos de probar que Ella sí se graduó. Hasta el INDEC falsificaría mejor un documento, muchachos...
Hay gente que jura haber visto su analítico: dos periodistas oficialistas, que no pudieron ponerse de acuerdo para definir si tenía promedio de 9 o tuvo notas bajas; y el vicerrector de la universidad. Éste afirma que “vio” el analítico. Pero no lo muestra.
Tampoco se registró jamás para litigar ni siquiera en Río Gallegos. No hay en Santa Cruz ningún registro que haya tomado vista de su diploma. Sólo uno, en Comodoro Rivadavia, muchos años después de que “comenzó a litigar”. Sabe el Opa que las satrapías del sur son iguales a las satrapías del norte, o del oeste. Nunca hubo diferencia entre Santa Cruz de los Kirchner y Catamarca de los Saadi, o Salta de los Romero. Y que si el gobernador quiere, en esas provincias litiga hasta el Pato Donald y puede operarte de cataratas el Pirata Morgan.
Vuelve el Opa al principio.
No es grave que Ella no sea abogada, después de todo, las facultades de derecho suelen idiotizar a quienes pasan por ellas. Lo grave es que haya mentido. Lula da Silva jamás dijo que era un exitoso abogado especialista en relaciones laborales: era sindicalista y estaba orgulloso de serlo. Tampoco Mujica salió a decir que era ingeniero especialista en prospección acuífera: los milicos lo tuvieron durante años metido adentro de un aljibe. Pero Ella justificó su fortuna diciendo que era una exitosa abogada. Si no es abogada, ¿de dónde sacó la fortuna, aparte de sus cargos públicos? Si ejerció como abogada y firmó escritos, ha usurpado un título, delito que conlleva varios años de cafúa.
Lo triste es la defensa de los militontos, como siempre. Que son operaciones de los “servicios” (que maneja el compañerazo Milani, por si no lo saben), que es una minucia ser o no ser abogada (pero entonces que no lo refriegue en cada cadena nacional). Sería la operación más boba: bastaría mostrar un analítico y el diploma y listo. Minucia no es, porque hay un delito contra la fe pública. No lo dice el Opa, lo dice el Código Penal. Un delito continuado, además, y siempre cobró ese plus por el título. Hubiera bastado que algún profesor de los últimos años de la carrera recordara haberla visto rindiendo, pero nadie la registra.
El Opa tiene claro que la mentira forma parte del herramental peronista. Pero también intuye una serie de complejos, de taras mal curadas, de inseguridades que afloran en cada discurso, una esforzada necesidad de mantener la impostura que la deja sin voz cada 15 minutos. Una explicación coherente para su napoleónica voluntad de cambiar los códigos: necesita que su tránsito a la historia esté jalonado de conquistas legales, de adquirir la pretendida enjundia judicial creando normas, ya que carece de título.
Como siempre, la voluntad de enseñorearse en la mentira termina desfondándose en una realidad zaina que se complace desbaratando la fantasía. En el colmo del ridículo el vicerrector de La Plata dijo que “le dimos el título Honoris Causa, así que tiene diploma”. El Opa recuerda que el Diegote de la Gente es Honoris Causa de Harvard (que no es La Matanza), y que hasta Moria Casán puede ligar ese diploma en las universidades de la Comarca. En el resumidero de la historia, será duro compartir diploma con Maradona y el mandril horrible, pero el destino es impiadoso con los que se burlan de él.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Para los saqueos de fin de año

Hay en la Comarca tradiciones siniestras, y una de las más novedosas se remonta hacia el fin inacabado de la transición democrática. Al despuntar el último año del primer gobierno democrático el peronismo comenzó a pergeñar una operación que le permitiría matar dos pájaros de un tiro: vengarse del tipo que les ganó elecciones libres por primera vez, y acorralarlo contra el abismo de un final agónico.
Lo primero que hicieron fue buscar a los "Carapintadas", sus parientes embetunados que boicotearon los juicios por crímenes de lesa humanidad. Aldo Rico y sus muchachos tenían bien claro cómo organizar operativamente un caos teledirigido, porque habían sido formados para ello con dinero del presupuesto público. Lo segundo que hicieron fue acordar con las policías para que dejen actuar a los saqueadores, al menos hasta que lleguen las cámaras de TV para llevar el horror hasta las mesas de todos los argentinos. Finalmente, acordaron con los punteros del PJ cómo iban a atacar cuáles supermercados en qué momento. La manipulación de miles de hambreados por la hiperinflación alimentada por los empresarios del modelo terminó de cerrar el círculo del horror. Así voltearon a Alfonsín.
Pero los peronistas aprenden rápido: aprendieron que es relativamente fácil voltear un presidente mediante el caos desatado. Usaron la receta contra otros gobernadores de la Comarca, y también contra Frenando de la Duda, el presidente aburrido que huyó en helicóptero dejando una plaza sembrada de muertos. Sabe el Opa que las cifras de aquellas jornadas espantosas han sido retocadas en el INDEC, y que como siempre en la Comarca, hay muertos en blanco y muertos en negro. En algún momento se sabrá la verdad y habrá muertos “blue”, valga la redundancia.
Ahora se asusta el gobierno de la presidenta Fernández de Neón porque nuevamente oír se dejan los aprontes de saqueo. El peronismo ha determinado librar su interna en la calle, como siempre. Destruyendo vidas y bienes ajenos, como siempre. Apropiándose de las muertes como si fueran porotos que se transan en un partido de truco macabro, porque para eso son fascistas: la muerte los erotiza, especialmente la ajena.
Claro, el miedo no es infundado porque uno de los desmembramientos del PJ prohíja a un legendario matón de la Triple A, el camionero Moyano, con quien la presidenta y el finado gustaban compartir actos y negocios. Algún negocio no cerró, y lo expulsaron del ámbito íntimo de la madriguera de Olivos. Con Moyano en la oposición volvieron los saqueos, cada vez más violentos.

Entonces vuelven a agitar el miedo, como adora la presidenta y sus adláteres. Agitan un miedo probable porque conocen desde adentro el mecanismo perverso de los saqueos. Está también en su ADN, como un elemento funesto que se ha ido introyectando en su cultura política. Lo han usufructuado, y ahora lo temen.
Piensa el Opa que si fuera que se matan entre ellos, hasta le harían un favor a la Comarca. Pero no, cuando disputan poder en serio ellos ponen los balazos y los palazos. Los muertos los pone el pueblo, y los destrozos también.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Xenofobia se escribe con “K”

Cada tanto cunde en la Comarca algún pánico nuevo, y casi siempre el Opa ve a los botarates de turno agitarse como gallinas empavesadas para subirse al pánico y agitarlo con indignación sagrada. Parece que si uno se encabrita y encabrona lo suficiente se convierte en un ciudadano decente. Pueden ser los menores de edad, que cada tanto los dedos de la Comarca señalan como los autores de todas las fechorías y crímenes de la prensa roja. Ahora son los inmigrantes, que están en el candelero del miedo público.
Resulta que después de una década de ignorar los esfuerzos por modernizar la justicia penal, a la Presidenta Fernández de Neón se le dio por apresurar un anteproyecto de código procesal penal, al que llamaremos CPP. El CPP es una herramienta para que los jueces y otras aves oscuras resuelvan conflictos, es la hoja de ruta entre el manoteo de cartera y la puerta del calabozo. Se supone que todo lo que pasa en el medio está regulado por el CPP.
Regía en la Comarca el más arcaico de los CPP de la región: el Padre Rigoberto tenía uno en su mesita de luz porque le recordaba al Libro de las Brujas, aquél tomo que indicaba el procedimiento correcto para incinerar mujeres acusadas de brujería. No le pregunten al Opa cómo sabe lo que hay en la mesita de luz del Padre Rigoberto. Pero el fraile adoraba esa institución macabra donde pululaban Torquemadas bisoños con nombramiento vitalicio.
Por eso un nuevo CPP es una buena noticia, porque sale del medioevo y pretende ingresar a la modernidad. Pero como todo lo que toca la Presidenta, acá también metieron los garfios los obsecuentes del populismo bobo. Así, en lugar de mencionar las garantías y la transparencia del proceso, a la Presidenta se le ocurrió resaltar que podrá deportar inmigrantes sin juicio previo. El Opa no es idiota: eso quiere decir que la policía puede decidir que un fulano que vino de otro país cometió un delito y expulsarlo. Una policía experta en armar causas, que luego fiscales y jueces confirmarán para “hacer estadística”.
El carapintada abonado al presupuesto nacional, Camarada Sergio Berni, explicó que la Comarca está hostigada por los delincuentes extranjeros, pero lo desmiente la poca información pública confiable. Mientras, la Presidenta asentía y peroraba: “entran por una puerta y salen por la otra”. Hace 15 años que dice lo mismo. El finado también lo decía.
Pero resulta que no.
Resulta que los delitos cometidos por inmigrantes son una minoría minimísima. Algunos hay, por supuesto, pero no para justificar ponerlos en ese espacio resbaladizo que ocuparon judíos, gitanos, izquierdistas, opositores, y, en la etapa final del populismo de bolsillos flacos, los laburantes. Es que el populismo penal siempre necesita agarrar algún sector vulnerable y sindicarlo como la causa de todos los males, desde las Siete Plagas de Egipto hasta el último asalto en Isidro Casanova, hace 4 minutos.
Cuando uno piensa en los grandes delincuentes extranjeros piensa en el delito organizado. Y allí tiene que dejar de pensar, porque las huellas llegan hasta el perenne Aníbal Fernández, hasta Sergio Massa, hasta Mauricio Macri. Hasta Ella, y hasta Él. Y sus socios. Los peligrosos manejan medio gobierno y media oposición, son los dueños de la Comarca y de los tribunales. Comen asado con los jueces, les tiran unas rupias a la policía.

Los verdaderos peligrosos que saltan de una Comarca a otra no son el carterista boliviano ni el paraguayo que vende “faso”. Pero ellos pagarán por todas las culpas, porque en la república populista los primeros privilegiados son los pobres. Sobre todo cuando por fin los van a poder meter presos rapidito, como quiere Ella. Como quería Él.

lunes, 20 de octubre de 2014

La cadena del desánimo

Don Jorge Luis Borges, que lo tenga en su gloria el Dios de los ateos, decía que a la historia le gustan las simetrías, y puesto a buscar en ellas el Opa las encuentra a raudales, y de las más variadas. El Opa ya ha referido en algún momento a la curiosa simetría entre el gobierno de la presidente María Estela Fernández de Neón y el de otra María Estela, esta vez Martínez de Perón. Para no abundar en errores y repeticiones, a la segunda (la original) la llamaremos simplemente “Isabelita”, tal su nom de guerre.
En esta oportunidad el Opa vuelve a recurrir a un librito curioso que se empeña en empañar el relato. Se trata de “Un enemigo para la nación”, y para tristeza de los militantes oficialistas no se refiere a Página 12, ni plantea las historias de un gendarme justiciero que salta sobre el parabrisas de Bartolomé Mitre.
En ese librito la autora cuenta cómo el gobierno de Isabelita clausuró un diario por difundir un brote de sarampión; y a otro diario comunista por “infundir el desánimo y así colocarse al servicio de la subversión, el desorden y el delito.” Este último diario venía publicando las atrocidades que cometía la Alianza Anticomunista Argentina, ese club selecto donde los ministros peronistas y sus matones jugaban al tiro al blanco usando como ídem personas mayormente vivas.
Desde luego, hay un salto muy largo entre usar el latiguillo del desánimo para incautar diarios y vituperar periodistas; y volarles las redacciones con los periodistas adentro. No es lo mismo una filípica por cadena nacional que las razones de trotyl y gelamón que se usaban antes. Tampoco que los sindicalistas matones bloqueen la salida de los camiones que distribuyen diarios, a que usurpen los talleres a punta de ametralladora. En esas cosas han cambiado un poco en la Comarca. Diríamos que se han civilizado, y hoy les basta con intervenirlos con leyes ad-hoc y un batallón militante de agentes de la AFIP.
Recuerda el Opa que en aquel relato setentista el Ministro del Interior negaba la existencia misma de los distinguidos contertulios de las AAA, y afirmaba que las bombas y asesinatos eran perpetrados por los mismos izquierdistas que se masacraban alegremente entre ellos. Es algo así como la versión original del “algo habrán hecho”, o del “se mataron un montón porque todos quieren viajar en el primer vagón”, o del “se hacen los héroes viajando colgados de los estribos del tren”.
La negación de la realidad termina prohijando esas ridículas flatulencias del lenguaje, en las que el peso de las cosas que se quieren ocultar termina resquebrajando el andamiaje bobo de un relato mentiroso. Las cosas ocurren, y querer negarlo es tentar a la suerte para que se descargue insolente como la realidad misma. Esto era así en 1974, en el 2012 o en 2014.
Es cierto que los mercaderes de la información juegan a prestidigitadores de la suerte de países enteros, pero es un juego que la presidenta de la Comarca ha jugado siempre, con saña y alevosía. Le ha ido bien, y le ha ido mal. Ha jugado, junto a su difunto marido, a construir un monopolio de diarios, televisión, radio y palomas mensajeras. Pero cuando creían que iban a poder apropiarse de ese conglomerado, como se apropiaron de media Patagonia, el tiro les salió por la culata porque el dueño no les entregó las acciones que pretendían. Le armaron un gigante peligroso a un tipo particularmente peligroso.
Pero aún así, nota el Opa, cada tanto lo encañonan en alguna calle de la Comarca, cada tanto un tren se estrola, cada diez minutos aumentan los precios y se destapa una olla. También, cada tanto se pierden “casualmente” los expedientes que incriminan a un vicepresidente, pero esas cosas no llaman la atención de la presidenta.
Se pregunta el Opa sobre esta curiosa tentación de manipular la verdad y las verdades. Entonces el Opa reacciona: ¡es la genética, estúpido!

Forma parte del ADN populista la costumbre de manipular la realidad. De rebajar cualquier hecho a un panfleto o una diatriba. ¿Se puso en órbita un satélite? ¡Eso muestra nuestro destino iluminado, de nuestra marcha sin querellas por las calles de la felicidad! De la mano de la presidenta, claro, porque ella lo quiso así. No importa si, como el Torino, fue una feliz articulación de elementos extranjeros. Tenemos un satélite que es 100% argentino y somos los mejores del mundo gracias a Ella. Si se le pincha una rueda, será culpa de Magnetto, y su cadena del desánimo.

lunes, 6 de octubre de 2014

Cascoteo nacional y popular

El Opa, se ha indicado, suele dedicar parte de su tiempo a ocupaciones lúdicas, como mirar las carreras por TV. También mira algunos programas, pero no tanto, la TV lo agota y le da tirria: se sabe que la calidad de la televisión en la Comarca es penosa y los periodistas del ramo no son mejores que los periodistas en general. Lo cual es decir poco, es decir, es decir mucho.
El tema es que supo de un episodio que lo ha llenado de vergüenza ajena y propia, y también mucha vergüenza nacional y popular. Resulta que del más recóndito rincón de la Comarca han expulsado a cascotazo limpio al equipo de un show inglés que viene a probar autos y molestar gente por los lugares más insólitos. El show se llama Top Gear, y existe hace décadas en esa isla brumosa de donde vienen los Beatles y el kidney pie. Hace unos días estaban en Ushuaia tratando de filmar parte de su programa, cuando se desató uno de los más insólitos temporales de imbecilidad que el Opa recuerde. Uno de los autos tiene una patente (H982FKL) que aparentemente sugería una conexión con las Islas Malvinas: se argumentaba que quería decir “1982 FalKLands”. Otros dos autos tenían cifras cercanas, o que si uno les daba vuelta uno de los números se parecía, o de alguna manera parecía indicar el número de muertos oficiales de ambos ejércitos contendientes.
Jeremy Clark, el conductor del programa, adora irritar a sus contertulios televisivos con comentarios racistas, homófobos y soberbios. En su show, el personaje del tipo es políticamente incorrecto y parece estar siempre buscando que le acomoden la dentadura a mamporros. Pero es su programa, y si uno no lo soporta puede cambiar de canal. O apagar el televisor.
Ahora, de algún modo, una horda de subnormales se enteraron de que Clark estaba llegando a Ushuaia y la emprendieron a pedradas contra el tipo, sus autos y sus equipos. Los “rescató” la policía, que los amenazó veladamente para que se fueran.
Como si la idiotez ambiente no fuera suficiente, el concejo deliberante de Ushuaia los declaró personas no gratas. A un programa de autos que miran 3 o 4 personas de esa ciudad. Luego, un par de legisladores sacaron pecho, camuflaron el sentido del ridículo, y propusieron en la Legislatura un desagravio. Ni siquiera han visto el programa, que a esta altura es lo de menos. Les dijeron que un grupo de ingleses andaban en unos autos cuya patente refería a las Malvinas “burlando la sensibilidad patriótica” y esas gansadas.
La producción del programa insiste en que la patente del auto es una mera casualidad, pero eso es irrelevante por dos razones, piensa el Opa. Primero, porque es el tipo de bromas que Clark hace todo el tiempo, y es demasiada coincidencia para tomarla en serio. Segundo, porque aún si fuera cierto que compraron ese auto justamente por la patente, sería insólito prohibirles a los tipos que lo usen en la Comarca.
Piensa el Opa que todos los populismos muestran la hilacha autoritaria cuando son objeto del sarcasmo y la burla. El humor, como lubricante cultural, es corrosivo con los que se toman a sí mismos demasiado en serio, y peor aún para los que son tan pobres de espíritu que tienen que vestirse de boato y solemnidad. La Patria, el sentir nacional, el antiimperialismo, esas excusas banales para el resentimiento y la mediocridad universal, no pueden ser jamás objeto de burla. Porque los que amontonan poder a cuenta de esas palabras grandilocuentes quedan expuestos, inermes en su estupidez, su avaricia y su mezquindad.
Pero como el populismo es una enfermedad contagiosa, basta con ver los comentarios en la calle y en los diarios. Montón de energúmenos felicitando a los orangutanes apedreadores (perdón oranguntanes), celebrando que echaron a pedradas a un grupo de ingleses que se divierten provocando gente, boqueando con gallardía de compadrito pitocorto que el cascoteo austral ha reivindicado nuestra “dignidá”.

Piensa el Opa en las banderitas, las cruces, las iglesias. En los uniformes y pecheras, en los cantitos y los bombos. Piensa en la liturgia gregaria de los símbolos populistas, inflados como un sapo frente al espejo. Piensa en el patrioterismo de los resentidos. Y se pregunta en qué planeta esas cosas han servido para algo, en qué lugar los padres Rigobertos y los carapintadas de ayer y hoy han guiado hacia puertos propicios los pueblos de la Comarca. La respuesta es nunca. La imbecilidad nunca ha dignificado a nadie.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Por sus frutos lo conoceréis

Y así fue como imputaron a Ramoncito, el cacique de la Comarca chica. Lo imputaron a lo bobo, por dejar los dedos marcados en uno de esos hechos de presunta corrupción que al Opa lo dejan pensando si son o se hacen. Habla el Opa de “presunta”, porque no ha podido ver cuales son sus argumentos de defensa, y prefiere no abrir un juicio sin tener claro qué pasó.
En principio hubo un desvío de subsidios nacionales que, en lugar de ir a la empresa de transportes municipal, iban a una empresa privada. Ramoncito sostiene que fue un error de los funcionarios nacionales, que los municipales advirtieron tarde, y que cuando lo hicieron devolvieron ese dinero. Este argumento en realidad podría ser plausible en sentido jurídico, pero el Opa cree que políticamente ya se ha cometido el daño: para sarracenos y pleistocenos, Ramoncito es un chorro marca Boudou. No importa que se lo impute por desviar fondos de un transporte a otro, y no a su cuenta personal. Tampoco importa que al devolver el dinero no hubo perjuicio para el estado. El tipo ya ha sido condenado.
El Opa se pregunta por la facilidad con la que se condenó de antemano a Ramoncito y sus funcionarios, y concluye que hay cierto hartazgo con el alcalde de la Comarca; con él y con su corte de amiguitos de familias notables. Han sido malos gestores de una ciudad complicada, porque han creído que era fácil y que sería rentable en muchos sentidos, que con el apellido alcanza y sobra. Y este es el punto que el Opa quiere sostener: Ramoncito simboliza todo lo que está mal con el radicalismo.
Partido machista, nepotista, con discurso que atrasa y no se renueva desde los ´80, sin cuadros técnicos ni de gestión, con un verticalismo en la toma de decisiones que desmiente su compromiso con la democracia. Una pequeña oligarquía. Ramoncito, hijo de un ex-intendente y gobernador, se ha rodeado de funcionarios que son casi todos “hijos de”.
Hijos de otros funcionarios de su padre, casi ninguno de ellos ha tenido militancia en los barrios, la sociedad civil o la universidad. Se han criado visitando a sus padres en ministerios y secretarías, se han hecho amigos en los asados donde sus padres trenzaban las listas de diputados. Compartieron las siestas de los domingos, las primeras fiestas, las “americanas”, y luego, casi todos, la facultad de abogacía. Compartieron la noche más top de la Comarca y el vago prestigo que sus apellidos aportaban: los VIPs se les abrían como flores en primavera.
Cuando Ramón padre fue interventor en Corrientes muchos “hijos de” fueron con él, comenzando por Ramoncito. Allí fueron nombrados en funciones oficiales, en ministerios y juzgados, en dependencias diversas. Hay que preguntarle a los ciudadanos correntinos qué opinión tienen de los jóvenes cordobeses que se quedaron con los despachos. Hay que preguntarles a los radicales correntinos qué piensan de esos jóvenes funcionaros que jamás pisaron un comité. Y no perecer bajo una andanada de improperios, vituperaciones y alusiones a las siete plagas de Egipto.
Manejaban las “cuevas” donde cambiaban por pesos los bonos que su padre había implantado como “cuasi monedas”, una curiosa costumbre de la época. Acaso manejaron otros negocios que el Opa desconoce. Volvieron todos con mucho dinero. Algunos de ellos se dedicaron a la actividad privada, casi recién recibidos y con contactos y recursos para seguir haciendo aún más dinero. Seguían sin pisar un comité.
Hasta que los pisaron.
Y con una profunda ignorancia sobre la historia, las ideas, las circunstancias del partido de sus mayores, comenzaron a construir poder de la misma manera que lo había hecho Ramón padre: excluyendo, eliminando, restringiendo. Así, fueron manipulando las reglas internas para que fuera casi imposible participar en una elección interna, mucho menos alcanzar una minoría que debía ser cada vez más grande para poder obtener representación.
Cuando estallaron las crisis municipales Ramoncito tuvo el tupé de reclamar el apoyo del resto del partido. El mismo que él mismo y sus amigos habían expulsado de la toma de decisiones. Erigido en emperador modesto de un viejo partido, rodeado de una corte de apellidos repetidos, fue incapaz de tomar en serio a nadie que tuviera una idea. Porque les temen a las ideas, y cuando necesitan una no saben cómo usarlas, y pasan vergüenza.
Han implantado una cultura de la incultura, una mística del negociado chico, un generoso ejercicio de la soberbia. Han reducido el partido a una mera colectora del peronismo cordobés, tradición inaugurada por Ramón padre y sus sucesores en el manejo del partido. Han aplacado todo intento de discusión interna, todo intento de pensar en el poder grande y no según las aspiraciones económicas de Ramón y sus hermanos de crianza. Hoy piensan en cómo zafar de los tarascones de la Justicia, y tratarán de armar las listas conforme a los fueros que cada uno necesite.
Piensa el Opa que con ellos no hay salida. No sabe cuál es la clave, cómo se hace, de dónde construir liderazgos más sanos. Pero sí tiene absolutamente claro que la UCR de Córdoba no podrá volver a ser un partido liberal igualitario, con inserción popular y capacidad de futuro, hasta que no se borre de la memoria del radicalismo hasta el último vestigio del apellido Mestre, y de todos los apellidos de los hijos de quienes lo han manejado y en su nombre han cobrado desde la recuperación de la democracia. Con tanto botarate alimentado a Presupuesto la UCR jamás podrá servir a los fines que le dieron origen: la causa de los desposeídos.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Berni y la deriva autoritaria de la fuerza del amor

Ocurre cada tanto en la Comarca que las cosas se desbarrancan hacia la derecha. Esto ocurre cada vez que al peronismo se le acaban las rupias y los tombuctúes. En esas ocasiones, los laburantes dejan de ser la columna vertebral del movimiento y se convierten en opos destituyentes que pretenden desestabilizar un gobierno Nac&Pop, como el de la presidenta Fernández de Neón.
Esta es historia vieja y hasta el Opa la sabe de memoria. Pero siempre hay una caterva de convencidos que precisan creer, con la fe de los conversos, que el relato no se cae, que todo sigue igual de bien, que son detalles pequeños en una épica colectiva con slogans setentistas. Entonces recitan su mantra: “este gobierno no reprime la protesta social”. Claro que no la reprimió, porque cooptó a muchos de sus líderes al comienzo del mandato y porque la vuelta a la normalidad después del incendio peronista del 2001 implicó la reapertura de puestos de trabajos. No les hizo falta.
Ahora, que las papas queman porque hasta el INDEC admite la recesión y la espiral inflacionaria, ahora que se comienzan a perder los trabajos, ahora que vuelven los discursos xenófobos, ahora comienzan los laburantes a protestar de nuevo en las calles y rutas de la Comarca. Ahora que hay una oportunidad para poner a prueba el mantra en el campo de la realidad, ahora podemos ver, en vivo y en directo, cómo hacen tronar el escarmiento sobre los trabajadores ingratos que pretenden laburar y comer todos los días. Ahora, como diría el primo funcionario del Opa, “los recagamos a palos, por zurdos”.
Pero el Opa mira y mira, y encuentra cosas espantosas. Ahora, en uno de esos ejercicios rituales del palazo peronista, vimos todos cómo un gendarme de generosas proporciones se tiró sobre un auto como si fuera Arjen Robben en el área chica de México. Resulta que cierran una fábrica y los trabajadores protestan sobre la Panamericana. Ya otras veces Sergio Berni, el patovica carapintada de Ella, ordenó detener a los manifestantes y encarcelarlos en Campo de Mayo. Esas cosas, recuerda el Opa, ocurrían durante la invasión de los Marcianos: venian los tipos de verde, te agarraban y te metían de prepo en Campo de Mayo. “Bueno”, sostiene el primo funcionario del Opa, “pero ahora ya no desaparecen”. Y, no. Pero los meten en un lugar de infame memoria, donde miles fueron torturados y ejecutados. Eso, dice el Opa, en la Comarca se llama “apriete”. ¿Se acuerdan cuando el Opa hablaba de los aprietes?
Ahora, Berni, el carapintada que levantó el regimiento de Rospentek en Santa Cruz en Semana Santa y Monte Caseros, ha puesto a un oficial de Inteligencia (inteligencia militar es un oxímoron, advierte el Opa) para infiltrarse entre “el zurdaje” y marcarlos para que la policía los detenga. Este hombre es el Coronel Roberto Ángel Galeano. En cada operativo de represión se lo ve, canoso y barbudo, de civil, entre la gente, dando directivas y supervisando la tarea de tipos como el gendarme que le destrozó el parabrisas a un laburante.
El mismo Berni, inefable, se sumó al coro xenófobo de Scioli, Capitanich o de los prohombres del progresismo de Él y Ella: Granados con su Ithaka al hombro, ese remedo barbado del peor Osinde; Otacehé, el patotero converso; Curto, el modelo de amplitud y tolerancia. Hasta el “cuervo” Larroque, camporista iletrado, dijo que “los que hacen piquetes no son peronistas”. Suponemos que eso quiere decir que merecen la inopinada actuación del gendarme de la Panamericana.
Entonces recuerda el Opa un librito que leyó (y recomienda): “Un enemigo para la Nación. Orden interno, violencia y “subversión”, 1973-1976”. En él se narra la caza de brujas desatada contra cualquiera que no perteneciera a la ultraderecha peronista: se acusaba a alguien de “infiltrado marxista” y se lo dejaba servido en bandeja para que los compañerazos de la AAA lo persuadieran por la fuerza del plomo de las ventajas de mudarse a otro barrio, preferentemente en el cielo o el infierno. La mecánica es la misma: si alguien arma quilombo y es peronista, es lucha popular; si no lo es, es un infiltrado que responde a intereses foráneos. Entonces: Campo de Mayo, o algún otro calabozo. Total, siempre habrá a mano un fiscal de apellido pituco feliz de encerrar a un laburante.
Eso es el peronismo cuando se queda sin plata. Macartismo, palo y adentro. Al menos ahora no acribillan a la gente ni aparecen los opositores colgando de un puente como un péndulo macabro en las autopistas de la Comarca. “Es que ahora hay Twitter”, le informan al Opa.
Sabe el Opa que cuando se acaba la fiesta populista y la gente sale a las calles a pedir por sus trabajos, la respuesta unívoca es un festival de palazos y calabozos. Lo ha visto en los '50, en los '70, en los '90, y... ¡oh, caramba! ¡otra vez estamos a la mitad de una década impar!
Se asusta el Opa, mira el calendario y aprieta los dientes. Leyó en una novela que en Irlanda no existe el futuro, sino el mismo pasado que vuelve una y otra vez. Acá en la Comarca también, cada tantos años el populismo desbarranca por el lado de la tonfa y los borcegos, mientras la gilada aplaude mirando Paka Paka.